miércoles, agosto 13, 2008

No al voto electrónico

Me encuentro un articulo de Fernando Herrera en Libertad Digital sobre el voto electrónico que no puedo evitar comentar sorprendido dada la natural desconfianza liberal hacia el Estado.

Lo cierto es que por internet podemos realizar transacciones de las más importantes que nos imaginemos, en las que está en juego nuestro dinero y patrimonio. Podemos comprar prácticamente de todo, desde una entrada de teatro a una casa; podemos apostar a juegos de azar; podemos realizar cualquier tipo de operación bancaria... si hasta nos podemos arruinar en Bolsa. Y, sin embargo, no podemos votar.


Fernando parece olvidar que el voto presenta una serie de características que complican enormemente la realización del proceso por medio de sistemas electrónicos. El primer escollo que nos encontramos es el secreto. Que el voto sea, afortunadamente, secreto complica enormemente la auditoria del proceso. Cuando uno hace una transferencia a su casero por Internet todo queda registrado, el importe, las cuentas origen y destino, la hora... si el dinero no llega tu casero te avisará y será posible reclamar y averiguar el problema. Pero ¿como descubrir un problema cuando los pagos son anónimos y el casero recibe miles de transferencias?

Además las nuevas tecnologías de la información permiten explotar las vulnerabilidades de forma masiva y sencilla. Como todo mecanismo de identificación la seguridad proporcionada por un DNI se puede superar. Suplantar a miles de personas en un colegio electoral falsificando DNIs sería una labor increiblemente complicada pero suplantar a miles de personas por medios telemáticos es algo mucho más sencillo. A un cajero de un banco no le compensa robar un centimo en cada transacción, sería un proceso lento y poco lucrativo, pero conseguir que el sistema del banco desvie un centimo en cada transacción puede ser un negocio millonario.

Hacer acto presencial frente a una mesa electoral, identificarse y depositar el voto en una urna (el voto por correo es otra historia) es un proceso sencillo que deja una traza clara en forma de papeleta. Una máquina que contabiliza votos y deja trazas de forma electrónica es un sistema mucho más complejo y oscuro. Cualquiera puede comprobar que una urna no tiene truco o contar papeletas pero no cualquiera puede auditar un sistema de voto electrónico. La papeleta, por tanto, puede ser un despilfarro de papel pero sin duda es un eficaz "log del sistema".

Por último resaltar que mientras la banca o el comercio electrónico dependen completamente de la confianza de sus usuarios un sistema electoral bajo sospecha, como se ha visto en Venezuela o EEUU, no estaría, precisamente, abocado a la ruina.

Desde luego, el voto electrónico tiene mi voto en contra, y que sea, por favor, presencial y con papel.

Actualización: Parece que Daniel también vota en contra:
Ese requisito del secreto hace que el voto electrónico, por más que el recuento sea instantáneo, sea mucho más vulnerable al fraude que el emitido con papel.

3 Comentarios:

Blogger Ferhergón said...

Narpo, ya veo que estoy solo ante el peligro. He visto tu nota en el blog y te he respondido allí.

Nos peleamos en tu blog o en el mio? :)

10:08 p. m.  
Blogger Jonsy Gaviota said...

Con independencia de dónde os peleéis, a lo mejor encontráis munición en el hilo que abrí hace dos días en mi blog :-)

http://juansgaviota.blogspot.com/2008/08/no-al-voto-electrnico.html

De nada :-)

7:34 a. m.  
Blogger Julián Inza said...

Voy poniendo este comentario en los diferentes blogs en los que se celebra la polémica. Anticipo que me posiciono a favor del voto electrónico, claramente como complemento (o futuro sustituto) del voto postal, y quizá como sistema principal dentro de unos cuantos años, cuando el voto presencial (que en mi opinión será necesario siempre)sea "el Plan B" como hoy lo es el voto postal.

Como argumentos a favor, quisiera indicar que existen algoritmos perfectamente seguros que pemiten comprobar si una persona ha votado (lo mismo que con el voto presencial) y que permiten a la persona comprobar antes y después del cierre de la urna que su voto está registrado y contabilizado adecuadamente. Y todo esto sin que se tenga que vincular la identidad de la persona a su sentido de voto, que es indistinguible de todos los demás (igual que con el voto presencial). Además, con los sistemas electrónicos, se puede garantizar la auditabilidad a muchos niveles, y las incidencias son menos probables.

No olvidemos que incidencias se producen siempre: pueblos en los que desaparecen algunas papeletas, o que no han llegado en el reparto, urnas que faltan el algunos sitios…

Las incidencias se gestionan y los problemas se resuelven y la Junta Electoral tiene noticia de ello en todo momento por si tiene que arbitrar soluciones.

El voto en papel, por si solo, no es necesariamente mejor que el voto electrónico. El resto de condicionantes que se aplican a cada tipo de voto en cada evento son esenciales para decir si en un caso concreto es mejor un sistema u otro.

Recordemos los casos en los que muchos votos se invalidan porque no se distingue el candidato marcado, o se marcan más candidatos que los permitidos (el recuento de Florida que finalmente dio la presidencia a George Bush hijo es un caso claro de las dificultades que crea el voto en papel).

En el voto electrónico se pueden hacer cosas que son difíciles en papel. Por ejemplo, mostrar la foto de los candidatos, lo que puede ayudar a personas que no saben leer (y escribir). Se puede automatizar la selección de candidatos hasta el límite pemitido ayudando al usuario a cambiar su elección si lo desea, antes de “cerrar” el voto. Así se evitarían votos nulos producidos por la ignorancia de las reglas aplicables.

Son tantas las ventajas del voto electrónico que todavía me cuesta creer que haya alguien en contra. Debe ser porque los que estamos a favor no somos lo suficientemente pedagógicos, y quizá haya que admitir que las garantías del voto electrónico no son intuitivas.

Hasta en eso es mejor. Porque el voto en papel parece merecer una credibilidad que la historia de fraudes electorales y chanchullos del pasado y de diferentes geografías demostraría que es exagerada.

Por contra, los recelos que claramente despierta el voto electónico son una garantía de que se aplican los niveles adecuados de auditoría, supervisión e intervención como para que el fraude sea imposible.

9:58 p. m.  

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