miércoles, junio 16, 2004

Capitalismo Creador

Pongo aquí un extracto traducido del árticulo Capitalism – the creator de Johan Norberg.
Me he tomado la libertad de recortar algunos parrafos (muy pocos) y de añadir varios comentarios.

Ideologías y pensadores luchan en busca de la mejor solución para nuestros problemas. El Capitalismo es el reconocimiento de que esta respuesta ideal no existe. No podemos construir un sistema perfecto que se adapte a todo el mundo. Por eso el capitalismo afirma que todas las ideas, proyectos y sistemas pacíficos son bien recibidos. No conocemos la mejor solución, por tanto, la gente tiene que decidir por si misma que es lo mejor para cada uno, que tipo de ideas y sueños quieren realizar y que tipo de bienes y servicios deberían, o no deberían, consumir. Eres libre de intentar cualquier cosa, mientras no uses la fuerza contra otras personas, o les obligues a pagar por tus proyectos. El capitalismo es el sistema económico que deja las decisiones económicas en manos de la gente, no del sistema.

Muchos proclaman que buscar el interés individual es algo “malo” y afirman que debemos buscar el interés colectivo, la voluntad general de Rousseau dirigida al bien común. Como bien nos argumentó Hayek, la idea de un sistema dirigido utilizado para lograr la justicia distributiva presupondría la existencia de un código moral en el cual los valores relativos a los fines y necesidades de las diferentes personas puedan ser definidos cuantitativamente. Como esto no es posible, la única solución viable es permitir a cada uno actuar según su propio juicio.

Algunos acusan al capitalismo de la pobreza en el mundo. Eso es porque no han estudiado, o al menos no han entendido, la historia. La pobreza no es algo nuevo. La pobreza ha sido siempre el destino de la humanidad. 200 años atrás cada país era subdesarrollado. Lo nuevo en el mundo, el hecho fantástico que requiere una explicación, es la riqueza. El hecho de que algunos países y regiones han conseguido salir de la pobreza por primera vez en la historia.
La razón es el capitalismo. Fue el capitalismo el que abrió las puertas a la creatividad humana, por ello pudimos producir bienes y servicios a una escala sin precedentes.
Hace 130 años mis antepasados suecos morían de hambre. Suecia, entonces, era más pobre de lo que lo es el Congo en la actualidad y la gente vivía de media 20 años menos que en los países desarrollados. Para sobrevivir, los suecos, tuvieron que hacer pan con liquen, cortezas y paja, y harinas moliendo raspas y huesos.
Suecia no se desarrolló con el socialismo y el estado del bienestar. Si hubiéramos redistribuido todas las propiedades e ingresos de Suecia, cada sueco viviría al mismo nivel que un Mozambiqueño. En su lugar, Suecia se liberalizó a mediados del siglo XIX y una población libre, en mercados libres, con un comercio libre, pudo producir riqueza y convertirnos así en un país rico. Nuestra economía se volvió especializada y más eficiente de forma que pudimos alimentarnos a nosotros mismos y permitirnos otros bienes también (ropas, casas, periódicos, educación...). En 1950 después de que fuera construido el sistema del bienestar Sueco, la economía sueca se había cuadruplicado. La mortalidad infantil se había reducido en un 85% y la esperanza de vida se había incrementado en unos milagrosos 25 años.
Esto ha sucedido en cada lugar donde la gente ha conseguido la libertad de poseer, producir y comerciar (donde han llegado al capitalismo). Podemos ver esto claramente en regiones que han sido divididas no por las personas, la cultura o la tradición, si no por su economía política. La Alemania occidental se convirtió en uno de los lideres de la economía mundial, la comunista Alemania oriental se estancó.


Estos países llegaron a encontrarse tras la segunda Guerra Mundial en una situación muy similar, presentando un perfil histórico, geográfico y cultural casi idéntico. Pero adoptaron modelos diferentes, Alemania Oriental un modelo de planificación económica de influencia soviética, sus vecinos un sistema de tendencia capitalista. Ambos países consiguieron un alto grado de crecimiento económico (5-8% del PIB) durante los años 50 y 60, pero Alemania Oriental no fue capaz de mantener el ritmo. Las economías planificadas carecen de la capacidad de asignar adecuadamente los recursos al ser incapaces de controlar eficazmente la información y los procesos productivos necesarios para ello. Además un crecimiento fuerte necesita de innovación y mejoras de productividad una vez maximizado el uso de sus recursos. Esto no es algo habitual en una estructura económica comunista dada la falta de incentivos y competencia. La competencia obliga a las empresas a intentar ser más eficientes e innovadoras, cosa que no ocurre cuando las empresas son todas públicas y el sistema homogéneo de salarios, la seguridad laboral, la falta de libertad y las dificultades para promocionar desmotivan a los trabajadores.

La capitalista Corea del Sur paso del subdesarrollo a un nivel de vida similar al europeo, la socialista Corea del Norte pasó de ir mal a ir aún peor. Los chinos de la capitalista Taiwan consiguieron el crecimiento más rápido del mundo, los chinos en la China roja han pasado hambre hasta que comenzaron su propia liberalización económica.

Corea del Sur y Taiwan consiguieron un crecimiento espectacular, por el contrario, sus contrapartidas comunistas fueron incapaces de ello. Corea del Norte y China, nunca llegaron a alcanzaran crecimientos espectaculares como los de Corea del Sur o Taiwan, durante años creciendo a tasas cercanas al 8% de su PIB. La renta per cápita en Taiwan quintuplica la china, mientras la de Corea del Sur supera los 12.000$ y la de Corea del Norte no llega a los 1.000$.
Uno de los puntos claves para entender estas diferencias es el comercio exterior, Taiwan y Corea del Sur cuentan con un importante comercio exterior, basado en una avanzada y competitiva producción industrial de manufacturas, desde automoviles, a chips de memoria. Con sólo el doble de trabajadores las exportaciones de Corea del Sur son 150 veces las de Corea del Norte.

En los últimos 20 años, el crecimiento global de la economía ha sacado a 200 millones de personas de la pobreza absoluta. Es cierto que hay una horrible destrucción de la riqueza en el mundo. Pero esto es debido a la desigual distribución del capitalismo en él. Aquellos que tienen capitalismo crecen hacía la riqueza, los que no lo tienen continúan en la pobreza.
Hace 130 años en Suecia, lujo era tener suficiente comida para pasar el día, el poder dar una educación a tus hijos era cosa de ricos. El capitalismo hizo posible para la gente común conseguir esto. El lujo se convirtió en poder pagar un coche y un teléfono. Lujo es prácticamente todo aquello que casi podemos alcanzar. El cambio constante y dinámico propio del capitalismo hace cambiar constantemente el concepto de lujo.
El lujo es algo relativo. Es aquello que queremos, pero a lo que difícilmente tenemos acceso. Cuando era un pobre estudiante con mucho tiempo libre, lujo era poder pagarme el ir a comer fuera de casa y el tomar copas caras. Hoy, el lujo consiste en tener más tiempo libre para poder sentarme a leer un libro y tomarme una taza de té.
El increíble desarrollo producido bajo el capitalismo nos hace, constantemente, más ricos y pone los bienes que queremos al alcance de cada vez más gente. Y como cada vez somos más ricos y podemos permitirnos los antiguos lujos, nuevos bienes, que no habíamos ni imaginado, se convierten en el nuevo lujo que desear.
Hoy más del 72% de los clasificados como pobres en los EEUU tienen una lavadora y al menos un coche, el 60% tiene un microondas y el 93% una televisión en color. Tienen más cosas que el americano medio hace 30 años. Los pobres en occidente tienen un estándar de vida que los reyes no podían ni soñar hace 200 años.
Y es por esto por lo que alguna gente puede dar el primer paso hacía el lujo. Cuando los primeros millonarios se compraron un coche, los socialistas los ridiculizaban considerándolos un juguete para ricos. Pero la compra de coches por parte de los ricos proporciono los recursos para que los productores pudieran invertir estos recursos en métodos de producción más eficientes haciendo los coches accesibles a más gente. Lo mismo sucedió con los frigoríficos, teléfonos, radios, medicinas o la educación. Si aquellos que defendían la igualdad en la propiedad contra el lujo hubieran ganado, estas invenciones nunca se hubieran desarrollado, los descubrimientos que sirvieron para hacerlos de una forma más barata y masiva nunca se hubieran podido financiar sin las compras de los ricos. Igual que aquellos que se quejaban de que los ordenadores e Internet crearían una brecha digital. El progreso siempre tiene que empezar por algún sitio, por alguien, y esto es contrario a sus demandas de igualdad. Si hubieran estado presentes hace 50.000 años se hubieran quejado de la “brecha elemental” creada cuando alguien aprendió a dominar el fuego, o a la “brecha del transporte” creada con el invento de la rueda.


Los teléfonos móviles son otro buen ejemplo de esto. En sus orígenes eran tildados de capricho de ricos y yupis, poco a poco fueron extendiéndose en uso y a día de hoy, en los países occidentales, son un objeto de uso común. Otro claro ejemplo de como el capitalismo y la globalización pueden extender un lujo a una masa enorme de población y en muy poco tiempo. Todavía hay gente que utiliza los móviles como muestra de la estupidez humana y su afán consumista, un claro ejemplo de nuestra incesante lucha por crearnos necesidades superfluas y vacuas (¿cuantas veces hemos oído que los móviles nos esclavizan?) bajo el influjo de las grandes multinacionales que nos impulsan a comprarnos cientos de innecesarias cosas. Pero este éxito de la telefonía móvil no tiene ningún secreto, no es una moda, no es fruto de la publicidad de las "telecos", no, simplemente es un producto capaz de hacernos la vida más cómoda y por eso lo compramos, una vez más son la oferta y la demanda las que marcan la tendencia. Otras tecnologías no triunfan tan espectacularmente, el WAP ha resultado un fracaso pese a la tremenda inversión de las multinacionales, el UMTS no consigue despegar, a nosotros, los consumidores, no nos han interesado lo suficiente. Esto no significa que estas ideas sean malas, sino que quizás no era el momento, o no se llevaron a cabo correctamente, gracias al capitalismo y a los emprendedores pronto surgirán alternativas más atractivas que, entre todos, aceptaremos y popularizaremos.

Los bienes y servicios no son triviales. Contribuyen a hacer nuestras vidas mejores, confortables y entretenidas. Aquellos que piensan que esto es superficial, se deberían preguntar a si mismos porque la gente se esfuerza por conseguirlos en todas partes. La clase de bienes que son percibidos como lujo en una sociedad dicen mucho acerca de ella. Una de las razones por la que los rusos odiaron el sistema comunista es porque convirtió el papel higiénico y los tampones en lujo. Una de las primeras cosas que hicieron muchos en Afganistán tras la caída de la dictadura talibán fue ponerse a escuchar música que había estado prohibida. Si ni una brutal dictadura puede llegar a controlar el interés de la gente por conseguir una buena vida, que podría?
No es el dinero en si mismo lo que nos hace felices. En su lugar es la certeza de que nuestras vidas pueden mejorar. Hay algo en la naturaleza humana que nos hace sentir satisfacción cuando logramos algo difícil de conseguir. El lujo es deseo y satisfacción. El capitalismo, mediante el desarrollo constante y la creación de riqueza, es el único sistema que nos proporciona nuevas ideas para nuevos lujos, con la esperanza de que nosotros podamos conseguirlos en el futuro también. No para unos pocos privilegiados, sino para todos nosotros.


Los socialistas siempre han afirmado que el deseo de poseer más cosas nos es impuesto por el capitalismo. Marx sugería que la división del trabajo, la propiedad privada de los medios de producción y la producción generalizada de mercancías causan que el poder social del individuo y sus nexos con los demás dependan de los valores de cambio. Cuanta más propiedad y más dinero, más poder. Ya que la competencia obliga a maximizar el beneficio para continuar produciendo y, por tanto, para vender lo producido hay que incitar al consumo, surgiría así el consumismo y la alienación del individuo. Marx obviaba que este poder suele derivar de la falta de libertad del individuo y la corrupción del estado. El consumismo no es generado por el capitalismo, sino que es el deseo humano lo que impulsa el consumo y da lugar a la estructura capitalista, la mejor preparada para producir progreso y bienestar y, además, la más justa.

En términos de riqueza, de los norteamericanos que están en la quinta parte inferior de la población, en solo seis años, dos tercios habrán ascendido a las tres quintas partes superiores. A su vez en esa parte inferior se va llenando con nuevos inmigrantes pobres y estudiantes a punto de beneficiarse de esta movilidad social. Es por esto que los cubanos nadan hacia EEUU y no al revés.
Para algunos intelectuales elitistas, esta es una caza materialista de placeres meramente superficiales. Pero esto es, simplemente, porque ellos prefieren otros placeres y lujos. Encontrar ese libro raro, esa gran lectura de la obra de determinado profesor. Todos tenemos nuestros gustos. Estos intelectuales se sorprenderían de la diversidad de placeres que existen en la sociedad. Deberían aprender a apreciar algo de pluralismo.


Como muestra un botón.

5 Comentarios:

Anonymous Anónimo said...

Genial. Me ha encantado. Ojalá lo tradujeran por completo.

Spanish Space Cowboy

9:23 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

me refiero a su libro "On defense of global capitalism"

9:28 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Si te interesa el tema del capitalismo desde la vertiente del Trabajo, desde una óptica económica, social y laboral, te recomiendo que leas:

http://blogs.ya.com/diariodeunliberal

1:40 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Uno de los mejores artículos que he leído en defensa del sistema capitalista ¡Enhorabuena!

Caesar "el demagogo"

5:49 p. m.  
Blogger narpo said...

Ja Ja, no era con mala intención Cesar.
¡Gracias por los comentarios!

Un saludo.

12:00 a. m.  

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